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Historia de Madrid

La Gran Vía de Madrid: historia de una calle que tardó 40 años en construirse

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La Gran Vía no se hizo de golpe. Tardó cuarenta años en completarse, destruyó más de trescientas fincas y transformó para siempre el centro de Madrid. Esta es su historia.

Por qué Madrid necesitaba una gran avenida

A principios del siglo XX, el centro histórico de Madrid era un laberinto. Callejuelas estrechas, edificios insalubres, una trama urbana medieval que no respondía a las necesidades de una ciudad en crecimiento. La solución que llevaba décadas sobre el papel era una gran avenida que atravesara el centro conectando el barrio de Argüelles con la calle Alcalá.

El proyecto se aprobó en 1901, pero las obras no empezaron hasta 1910. Esos nueve años de demora fueron de negociaciones, expropiaciones y controversias sobre el trazado. Cuando al fin se puso la primera piedra, el rey Alfonso XIII lo hizo en persona. El gesto tenía la pompa que merecía una obra que todo Madrid esperaba y muchos vecinos temían.

Tres tramos, tres estilos, cuarenta años

La Gran Vía se construyó en tres fases y cada una tiene su identidad propia.

El primer tramo, entre Alcalá y la Red de San Luis, se completó entre 1910 y 1917. Es el más ecléctico: fachadas con referencias clasicistas y modernistas, alturas variadas. El edificio que mejor lo representa es el de La Unión y El Fénix, con su cúpula de bronce en la esquina con Alcalá.

El segundo tramo, de la Red de San Luis a la calle Montera, es el más comercial y concentra más teatros históricos. El Palacio de la Prensa y el teatro Lara son de esta época, terminada en 1922.

El tercer tramo, de Montera hasta la plaza de España, es el más imponente. Se construyó entre 1922 y 1931, durante la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República. Aquí está el Edificio Telefónica, que fue el primer rascacielos de España y que durante la Guerra Civil sirvió de referencia visual a los artilleros para ajustar el fuego sobre el centro de Madrid.

Detalle arquitectónico de un edificio histórico en Madrid

Los edificios que no puedes dejar de ver

El Edificio Metrópolis está en el extremo sur, en la confluencia con Alcalá, y fue construido por los arquitectos franceses Jules y Raymond Février entre 1905 y 1911. Su cúpula de pizarra coronada por la figura alada de la Victoria es reconocible desde varios puntos de la ciudad. Es, probablemente, la imagen más reproducida de la Gran Vía.

El Capitol, de 1933, representa el salto hacia el racionalismo y las influencias del art déco americano. Fue el primer edificio de Madrid con aire acondicionado.

El Edificio Telefónica, en el número 28, merece mención especial. Con sus 89 metros de altura, fue el edificio más alto de Europa al inaugurarse en 1929. Su fachada de ladrillo rojo y piedra blanca tiene influencia del estilo beaux-arts neoyorquino, y su papel durante la Guerra Civil le da una dimensión histórica que va mucho más allá de la arquitectura.

La Gran Vía hoy: entre el turismo y la ciudad real

Durante décadas, la Gran Vía fue el eje comercial y de ocio de Madrid. Los teatros, los cines, los hoteles de categoría y los grandes almacenes convivían en una misma avenida que concentraba lo mejor de la oferta de la ciudad.

Hoy esa función ha cambiado. El turismo masivo ha transformado buena parte de la planta baja en tiendas de recuerdos, franquicias internacionales y restaurantes orientados al visitante. La Gran Vía sigue siendo impresionante desde la acera, pero su carácter como espacio de vida cotidiana se ha diluido.

Aun así, sigue siendo imprescindible para entender Madrid. No como escaparate del presente, sino como archivo del siglo XX. Para quien quiere seguir explorando la historia urbana de la ciudad, el artículo sobre el barrio de los Austrias es un buen punto de partida para ver el Madrid que existía antes de que llegara la Gran Vía.

La Gran Vía de Madrid de noche con sus luces características

Si planeas recorrerla, hazlo a primera hora de la mañana o al atardecer. La luz cambia los edificios de forma notable y el tráfico permite verla con algo más de calma. Y si quieres entender Madrid más allá de las guías, en Aedara también hacemos eso.